Vives en mi.
Orgulloso, te muestro
pues solo tú
estuviste a la altura.
Me hiciste quien soy.
Me explicaste
que estamos solos
en la inmensidad de cada día.
Me enseñaste a vivir
con y para mi.
Contigo comprendí
que la bondad no existe.
Que es la conciencia,
la que nos corroe sino la complacemos.
Somos esclavos de nuestra moralidad,
y más allá, solo hay
simple y llana indiferencia.
¿Que si soy egoista?
Con orgullo, asiento.
Mis palabras pesan. Mis palabras duelen. Caen como las verdades que son. Habrá quienes me miren y se compadezcan. Santos, que piensan que sus actos, están lejos de cualquier retribución... Necios. Dais, por la autocomplacencia que ello os produce. Dais, por sentiros bien con vosotros mismos. Si por ello os creis altruistas, soy yo quien os compadece. Hedonistas pretenciosos.