Pero yo no me quejo. Tengo aire acondicionado. En todas las habitaciones. Lo puedo poner con el móvil. Todo un símbolo de poderío y hombría. Ya no tengo que bañarme en la piscina antes de irme a la cama, ni solo ni acompañado. Ya no le enseño el culo a la luna, ni solo ni acompañado. Ya no hay sudor, ni cloro en la almohada. Adiós a la liturgia. Adiós al sonido del ventilador y la cama mojada. Ahora tengo otras cosas. La rutina del baño. Supongo que también es una liturgia. Distinta. Cena, baño, dientes, cuento y cansancio. Es todo lo que queda cuando la casa se queda en silencio. Quiero pensar que esto pasará. Como diría un amigo "todo pasa". Y eso es lo que me da miedo. Todo lo que está pasando. Todo lo que ha pasado y no volverá. Veremos a ver cuando todo esto pase, que es lo que queda.
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