Tus ojos se deslizan
sobre estos versos
desnudándome.
La caricia de tus palabras
resuena en mis adentros.
Oigo
mis sentimientos en tu boca,
en tu cabeza.
Ves el mundo a través de mis ojos,
a mi manera.
Estas paginas son
una ventana a mi cárcel.
Bienvenido...
lunes, 9 de enero de 2012
lunes, 19 de diciembre de 2011
Ansiedad...
Solo hay mal estar
y frió.
Mucho frió.
Angustia.
Tiemblo y me ahogo.
Mil mundos
oprimen mi pecho.
Una exhalación
precede al silencio.
Un mar que devora al llanto.
y frió.
Mucho frió.
Angustia.
Tiemblo y me ahogo.
Mil mundos
oprimen mi pecho.
Una exhalación
precede al silencio.
Un mar que devora al llanto.
sábado, 10 de diciembre de 2011
El otro... (Diálogos II)
Hace mucho que no me sacas. Solo cuando paseamos aparezco. Siempre en la soledad, cuando te retraes en tus pensamientos. Cuando me vuelves a dar voz, y hago que tu cabeza gire, y lo vea todo, como en el fondo sabes que es. Jodidamente real. Tan real que parece de mentira. La carne se vuelve goma. Si. Sabes que mi mundo es más interesante que ese en el que te mueves, cuando juegas a hacerte el mayor. Haciendo casitas y socializando con el resto, como la gente normal.
Te amenizo los días. Se que muchas veces querrías escribir las conversaciones que tenemos. Porque en el fondo, soy yo lo único que llena de carácter tu vida. Sin mi serías como ellos, y eso te horroriza. Aún y con todo mis mejores momentos sigues sin poder atraparlos. Son furtivos. Esquivos de tu agenda. Basta con ver un papel en blanco para que los frustres. Son los momentos que le dan sentido a tus días y pese a todo te cuesta encontrarles tiempo. Estúpida ironía. ¿Porque tienes que regirte por sus mismos parámetros? Rígete por los míos. ¿De que tienes miedo? ¿De que pierdas el camino del triunfo? Yo te llevaré a en busca de la eternidad ¿Que tiene de orgullo el hacer algo para la aprobación de los demás? Que estupidez. Te contradices. Si, yo también. pero yo me lo puedo permitir. Soy una mínima parte de ti. Tu sigues siendo la mayoría. Por desgracia sigues teniendo el control del tiempo. Puedo aparecer de improvisto, hacer esfuerzos y chillar, pero está en tu mano el volverme a tapar, como el que tiene un hijo tonto, y se avergüenza ante los vecinos.
Si. Me tienes que cuidar más. Como casi todo en esta vida, cuanto más empeño me dediques, más altos serán mis pensamientos. No te preocupes por que se me vaya a acabar la mecha. En tu humanización está mi primera critica. Regálame algo de ese tiempo que tanto te gusta malgastar en gilipolleces. Dame alas, y te sacaré de esa vida que tanto te apesta. Seremos grandes, a nuestros ojos.¿ Que más da los de el resto?
Sé que te asusta la vida de triunfador. Sé que sabes la trampa. Lo que esconde. Esconde vacío. Es una vida prestada. El verdadero triunfador es el que no tiene que demostrar nada a nadie. Tu a veces eres así. Pero a veces se te olvida. La rutina te consume, y te aleja de mi. Buscas una vida en la que yo tenga las riendas, y aún así me limitas. No lo hagas. No tengas miedo. Allá donde nos lleve será un sitio donde seremos íntegros. Auténticos.
Si. Todo lo que te digo te llega. Es casi nuestro, pero al final del día te limitas. Me escondes, en lo más oscuro de tu persona. Quizás por eso sea el "yo" más puro
Como bien dices normalmente me importa poco como sea, a ojos de los demás, pero te equivocas. No es un concepto temporal. No es, ahora si o ahora no. Depende de que ojos. Siempre tengo unos ojos en la nuca. No son muchos, pero me miran siempre. La libertad está muy bien. Pero sin respeto por algo no seriamos nada, ni tu ni yo. Yo respeto a personas. Tu, como buena parte de mi, eres abstracto y no rindes cuentas a nada más que a valores. Eso está muy bien. Me gusta. Por eso eres una parte de mi. Pero a veces hay que saber donde estamos.
Desgraciado. Estás en China. Perdido de la mano de Dios. Sabes donde estás. En el rincón más lejano, donde tus miedos nos han traído. Has escapado de la vida fácil para evitar que los días se aconteciesen sin apenas notarlo. Y aquí estás. Aquí hemos caído. En un mundo nuevo, hostil y agresivo, y pese a todo ya estás sumergido otra vez en la rutina que nos separa. Déjame coger las riendas. Déjame hacernos grandes.
Leyéndote, veo defectos que no se si tenemos en común o van solo con la parte de mi que representas. En fin. ¿Que harías con las riendas? ¿Te crees que es fácil guiar esto? ¿Te crees que la libertad no pesa? Desde la minoría es muy fácil criticar. Vives feliz y libre sabiendo que tus enajenaciones no tendrán repercusiones, por que estoy yo aquí para juzgar y cribar tus excesos, pero en el momento que vieses el resultado de tus actos, y que cada acción tiene una consecuencia dejarías de ser libre. No te puedo dar las riendas, porque si lo hiciese acabaría contigo, y tu probablemente conmigo.
(Se hace el silencio. Jeckyl en proceso pensante)
Para cada acción hay una reacción. Física, grado uno. Gracias por la aclaración. Tienes miedo de que perdiese mi carácter al chocar de cara con la realidad, ¿verdad? Creo que estoy mas cerca de la realidad de lo que tu jamás estarás. Tu entiendes su realidad. Yo tengo la nuestra. Y como bien sabes, no hay nada objetivo en este mundo. Tu realidad está mas contrastada. Es cierto. La mía sin embargo no. Es la nuestra propia. Pero justo por eso no esta corrompida. Sabes, que parte de tu pensamiento y tu forma de entender las cosas, ya están lavadas y masticadas por la sociedad en la que habitamos. Yo soy teórico, si, pero también soy el que se sorprende viendo las barbaries de las que este mundo es capaz. Tu ya aceptas y das por hecho cosas que se escapan a una razón mayor. Universal. A mi no me han lavado los ojos. Soy tu referencia. No me pierdas. Dame voz, y seguiré haciendo que estés loco por no estarlo.
Nadie te quiere perder. Sabes que te necesito. Pero en tu mundo, en el nuestro, solo estamos tu y yo, y sabes que eso no es así. Esos ojos de los que antes hablaba, son pocos, pero bien merecen una vida. Los tienes para lo bueno y te olvidas de ellos para lo malo. Eres el que disfrutas con esos momentos de complicidad que nos brindan. El que saborea los destellos de los silencios compartidos. El que ha querido dejarlo todo a cambio de una palabra amable. Y ahora sin embargo les vuelves la espalda por otro arrebato de soledad y misticismo. Sabes que yo también comparto esa obsesión. Lo sabes porque de mi nació el deseo, y tu de el. O no. No lo sé. Solo sé que lo has hecho tan tuyo, que ahora tengo que defender los intereses contrarios, para que no zozobremos.
Sin duda esa minoría a la que haces referencia cuando hablas de ti, tiene un tremendo peso en mi, pero hay veces que tengo que luchar contra ella. Contra ti. Tu naturaleza, tus contradicciones, serían nuestro fin. Es muy fácil ser un romántico alocado, cuando tienes a alguien que vigila tu bienestar. Contradecirte no tiene fallo. Me tienes a mi. Frío y racional. Yo. Siempre. El malo, jodiendo el pastel y dejándote de cara al rincón. Con tu locura, me has desplazado en tu contra, en un intento por restablecer el equilibrio. Me has adjudicado el papel de conservador amargado, solo para que tu puedas desvariar. Y pese a todo te quejas y pides más.Pides estar por encima.
¿Todavía no entiendes que solo así puedes existir? Fuera de mi no eres nada...
Te amenizo los días. Se que muchas veces querrías escribir las conversaciones que tenemos. Porque en el fondo, soy yo lo único que llena de carácter tu vida. Sin mi serías como ellos, y eso te horroriza. Aún y con todo mis mejores momentos sigues sin poder atraparlos. Son furtivos. Esquivos de tu agenda. Basta con ver un papel en blanco para que los frustres. Son los momentos que le dan sentido a tus días y pese a todo te cuesta encontrarles tiempo. Estúpida ironía. ¿Porque tienes que regirte por sus mismos parámetros? Rígete por los míos. ¿De que tienes miedo? ¿De que pierdas el camino del triunfo? Yo te llevaré a en busca de la eternidad ¿Que tiene de orgullo el hacer algo para la aprobación de los demás? Que estupidez. Te contradices. Si, yo también. pero yo me lo puedo permitir. Soy una mínima parte de ti. Tu sigues siendo la mayoría. Por desgracia sigues teniendo el control del tiempo. Puedo aparecer de improvisto, hacer esfuerzos y chillar, pero está en tu mano el volverme a tapar, como el que tiene un hijo tonto, y se avergüenza ante los vecinos.
Si. Me tienes que cuidar más. Como casi todo en esta vida, cuanto más empeño me dediques, más altos serán mis pensamientos. No te preocupes por que se me vaya a acabar la mecha. En tu humanización está mi primera critica. Regálame algo de ese tiempo que tanto te gusta malgastar en gilipolleces. Dame alas, y te sacaré de esa vida que tanto te apesta. Seremos grandes, a nuestros ojos.¿ Que más da los de el resto?
Sé que te asusta la vida de triunfador. Sé que sabes la trampa. Lo que esconde. Esconde vacío. Es una vida prestada. El verdadero triunfador es el que no tiene que demostrar nada a nadie. Tu a veces eres así. Pero a veces se te olvida. La rutina te consume, y te aleja de mi. Buscas una vida en la que yo tenga las riendas, y aún así me limitas. No lo hagas. No tengas miedo. Allá donde nos lleve será un sitio donde seremos íntegros. Auténticos.
Si. Todo lo que te digo te llega. Es casi nuestro, pero al final del día te limitas. Me escondes, en lo más oscuro de tu persona. Quizás por eso sea el "yo" más puro
Como bien dices normalmente me importa poco como sea, a ojos de los demás, pero te equivocas. No es un concepto temporal. No es, ahora si o ahora no. Depende de que ojos. Siempre tengo unos ojos en la nuca. No son muchos, pero me miran siempre. La libertad está muy bien. Pero sin respeto por algo no seriamos nada, ni tu ni yo. Yo respeto a personas. Tu, como buena parte de mi, eres abstracto y no rindes cuentas a nada más que a valores. Eso está muy bien. Me gusta. Por eso eres una parte de mi. Pero a veces hay que saber donde estamos.
Desgraciado. Estás en China. Perdido de la mano de Dios. Sabes donde estás. En el rincón más lejano, donde tus miedos nos han traído. Has escapado de la vida fácil para evitar que los días se aconteciesen sin apenas notarlo. Y aquí estás. Aquí hemos caído. En un mundo nuevo, hostil y agresivo, y pese a todo ya estás sumergido otra vez en la rutina que nos separa. Déjame coger las riendas. Déjame hacernos grandes.
Leyéndote, veo defectos que no se si tenemos en común o van solo con la parte de mi que representas. En fin. ¿Que harías con las riendas? ¿Te crees que es fácil guiar esto? ¿Te crees que la libertad no pesa? Desde la minoría es muy fácil criticar. Vives feliz y libre sabiendo que tus enajenaciones no tendrán repercusiones, por que estoy yo aquí para juzgar y cribar tus excesos, pero en el momento que vieses el resultado de tus actos, y que cada acción tiene una consecuencia dejarías de ser libre. No te puedo dar las riendas, porque si lo hiciese acabaría contigo, y tu probablemente conmigo.
(Se hace el silencio. Jeckyl en proceso pensante)
Para cada acción hay una reacción. Física, grado uno. Gracias por la aclaración. Tienes miedo de que perdiese mi carácter al chocar de cara con la realidad, ¿verdad? Creo que estoy mas cerca de la realidad de lo que tu jamás estarás. Tu entiendes su realidad. Yo tengo la nuestra. Y como bien sabes, no hay nada objetivo en este mundo. Tu realidad está mas contrastada. Es cierto. La mía sin embargo no. Es la nuestra propia. Pero justo por eso no esta corrompida. Sabes, que parte de tu pensamiento y tu forma de entender las cosas, ya están lavadas y masticadas por la sociedad en la que habitamos. Yo soy teórico, si, pero también soy el que se sorprende viendo las barbaries de las que este mundo es capaz. Tu ya aceptas y das por hecho cosas que se escapan a una razón mayor. Universal. A mi no me han lavado los ojos. Soy tu referencia. No me pierdas. Dame voz, y seguiré haciendo que estés loco por no estarlo.
Nadie te quiere perder. Sabes que te necesito. Pero en tu mundo, en el nuestro, solo estamos tu y yo, y sabes que eso no es así. Esos ojos de los que antes hablaba, son pocos, pero bien merecen una vida. Los tienes para lo bueno y te olvidas de ellos para lo malo. Eres el que disfrutas con esos momentos de complicidad que nos brindan. El que saborea los destellos de los silencios compartidos. El que ha querido dejarlo todo a cambio de una palabra amable. Y ahora sin embargo les vuelves la espalda por otro arrebato de soledad y misticismo. Sabes que yo también comparto esa obsesión. Lo sabes porque de mi nació el deseo, y tu de el. O no. No lo sé. Solo sé que lo has hecho tan tuyo, que ahora tengo que defender los intereses contrarios, para que no zozobremos.
Sin duda esa minoría a la que haces referencia cuando hablas de ti, tiene un tremendo peso en mi, pero hay veces que tengo que luchar contra ella. Contra ti. Tu naturaleza, tus contradicciones, serían nuestro fin. Es muy fácil ser un romántico alocado, cuando tienes a alguien que vigila tu bienestar. Contradecirte no tiene fallo. Me tienes a mi. Frío y racional. Yo. Siempre. El malo, jodiendo el pastel y dejándote de cara al rincón. Con tu locura, me has desplazado en tu contra, en un intento por restablecer el equilibrio. Me has adjudicado el papel de conservador amargado, solo para que tu puedas desvariar. Y pese a todo te quejas y pides más.Pides estar por encima.
¿Todavía no entiendes que solo así puedes existir? Fuera de mi no eres nada...
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Sueños de naftalina...
Era un desierto de arena fina y el viento generaba crestas en las dunas. Las nubes enmarcaban un azul intenso. Había un equilibrio de forma y color. Las texturas eran claras. Había pureza y calma. Era poético. No hacia calor, no hacia frío. Apacible y cruel, todo estaba presente, visible solo para el que sabe mirar. La vida y el tiempo. El futuro y el pasado. El vacío del presente. El silencio de la muerte. La eternidad del olvido. Todo. Era hermoso.
Al desaparecer la luz, las formas se perdieron, los colores se igualaron. Todo quedo presa de una oscuridad perfecta, que desdibujaba los contornos. De la arena, salio un cubo. Suspendido por uno de su vértices, giraba mientras se elevaba, y al hacerlo irradiaba luz. Una luz dorada, devolvió los matices a las dunas y a las nubes. Era una luz distinta, y por tanto, todo tenía un matiz diferente. Era una luz puntual. Fija. Una luz que perdía intensidad con la distancia. El horizonte seguía sumido en las tinieblas. Con cada giro, ganaba en intensidad, creando una mayor diferencia entre el plano iluminado y el de las sombras. Era la luz del conocimiento. La imagen tenia un aspecto casi mortecino. Apocalíptico.
El cubo seguía girando suspendido, en un plano intermedio. Las nubes no lo tocaban, tampoco la arena. Las dunas quedaban muy abajo. El cubo seguía girando. Girando, ajeno a cualquier intento de alcanzarlo, y en su propio giro había un carácter atemporal. Continuo e ilimitado. Un giro infinito. Perfecto.
De las dunas surgió un escalera que se erguía hacia el cubo. Una escalera de mano de madera. La arena resbalaba por ella, mientras emergía de la nada. La nada la sujetaba. Salia recta, en dirección al cubo, pero antes de llegar a tocarlo, se paró. Su base, quedó apoyada sobre la misma arena de la que había brotado, y así permaneció, haciendo un guiño al cubo, mostrando su dependencia, en un estado de equilibrio imposible. Despejando cualquier duda sobre la jerarquia, en aquel despótico desierto. El cubo le devolvió el gesto, rezumando mas que nunca un aura dorada.
Otra vez la escena se congelo en el tiempo. Segundos o siglos, el cubo se revolvió a expensas de la escalera, con el desierto y las nubes por testigo, hasta que de la arena, volvió a surgir vida. Bajo la luz dorada, flores brotaron, nutriéndose de la luz y del conocimiento. Eran blancas, y estaba imbuidas por ese aura que las bañaba de misticismo. Brillaban con reflejos de nácar. Nácar en pétalos y en hojas. Nácar en esencia.
La escena se enriquecía con matices que potenciaban a los ya presentes. Los contrastes se exageraban. La arena de las dunas se hacia mas fina mientras las nubes, casi solidas, se retorcían sobre si mismas dando al cielo una imagen imponente. Barroca. La luz, aun dorada al resbalar por las nubes, se teñía de malva y neón cuando conseguía atravesarlas, para acabar muriendo en sus entrañas. De esa luz, y de esos colores surgió un pegaso. Galopaba majestuoso haciendo surcos en las nubes, como si de algodones se tratase, mientras agitaba sus enormes alas blancas. Con elegancia descendió al plano donde el cubo giraba, y empezó a rodearlo, en sentido contrario, en un armonía casi perfecta. Con cada vuelta se generaba tensión. Desprendían carga. Como si de un electrón se tratase, el pegaso volaba en su orbital, pero no tardo en llegar el desequilibrio. A las pocas vueltas, la inercia del cubo acabo por consumir a la del pegaso. Su radio de giro fue disminuyendo mientras perdía velocidad y altura. Se caía. Moría. Lo estaba matando.
Antes de llegar al suelo, el pegaso se convirtió en cenizas. Consumido por la luz. Demasiado hermoso para ser cierto. Víctima de su propia hermosura. Su majestuosidad y su grandeza rivalizaban con el cubo, y en ese desierto solo había y dejaba de haber un cubo. Un cubo y todo lo que de el salia. Había intentado tratar de tu a la luz, y la luz lo había anulado. De las cenizas del pegaso surgió un caballo. Un caballo marrón, con cara de misericordia. Conocedor de que su suerte y su ventura dependía solo de la compasión de un cubo, el caballo hizo por no desentonar en la escena. Se limito a pastar bajo la luz del cubo, que aun lloraba la muerte del pegaso. En su intento de encajar, se hizo mas patente su mediocridad. Estaba en disonancia con todo cuando le rodeaba. Eran lenguajes distintos. Un "collage" de realidad sobre un fondo idílico. Era la versión pobre y realista de un sueño. Un sueño del que solo quedaban ya cenizas. un sueño demasiado hermoso para habitar un desierto tan egoísta. El caballo era la respuesta de la realidad ante la exigencia de un mundo sometido a el Saber.
El cielo se enfureció. Había perdido a uno de los suyos. Las nubes se arrojaron sobre el desierto, dando paso a una tormenta de arena. Una guerra entre cielo y tierra. Entre nubes y dunas. El viento daba alas a las dunas y el las nubes arremetían con fuerza contra la tierra. Un caos seco, donde todo estaba sujeto a polvo. Las flores se cubrieron de arena, recordando que la naturaleza de lo hermoso también puede ser objeto de miseria. Los esfuerzos del caballo por cerrar los ojos eran en balde. Había polvo en ojos. Polvo en ollares. Polvo en la boca. Las escaleras aun erguidas se veían inmersas en la tormenta viendo como la arena repicaba contra ella. Desde arriba, imperturbable, el cubo arrojaba luz sobre la polvareda. Seguía brillando. El polvo no llegaba a el. A fin de cuentas, eso era el cubo. Un lugar libre de la contaminación terrenal.
Con el tiempo, no se si mucho o poco, todo volvió a su curso. La tormenta ceso. Las nubes volvieron a rizarse en busca de la forma perfecta. Las dunas se asentaron y dejaron que el aire las moldease a su antojo. Las flores volvieron a brillar, y el caballo pudo por fin abrir los ojos. Desde la altura, el cubo ilumino la paz entre cielo y tierra, de nuevo en equilibrio. En perfecta sintonía. Todo estaba en orden. Todo, salvo que yo había matado a mi pegaso.
Al desaparecer la luz, las formas se perdieron, los colores se igualaron. Todo quedo presa de una oscuridad perfecta, que desdibujaba los contornos. De la arena, salio un cubo. Suspendido por uno de su vértices, giraba mientras se elevaba, y al hacerlo irradiaba luz. Una luz dorada, devolvió los matices a las dunas y a las nubes. Era una luz distinta, y por tanto, todo tenía un matiz diferente. Era una luz puntual. Fija. Una luz que perdía intensidad con la distancia. El horizonte seguía sumido en las tinieblas. Con cada giro, ganaba en intensidad, creando una mayor diferencia entre el plano iluminado y el de las sombras. Era la luz del conocimiento. La imagen tenia un aspecto casi mortecino. Apocalíptico.
El cubo seguía girando suspendido, en un plano intermedio. Las nubes no lo tocaban, tampoco la arena. Las dunas quedaban muy abajo. El cubo seguía girando. Girando, ajeno a cualquier intento de alcanzarlo, y en su propio giro había un carácter atemporal. Continuo e ilimitado. Un giro infinito. Perfecto.
De las dunas surgió un escalera que se erguía hacia el cubo. Una escalera de mano de madera. La arena resbalaba por ella, mientras emergía de la nada. La nada la sujetaba. Salia recta, en dirección al cubo, pero antes de llegar a tocarlo, se paró. Su base, quedó apoyada sobre la misma arena de la que había brotado, y así permaneció, haciendo un guiño al cubo, mostrando su dependencia, en un estado de equilibrio imposible. Despejando cualquier duda sobre la jerarquia, en aquel despótico desierto. El cubo le devolvió el gesto, rezumando mas que nunca un aura dorada.
Otra vez la escena se congelo en el tiempo. Segundos o siglos, el cubo se revolvió a expensas de la escalera, con el desierto y las nubes por testigo, hasta que de la arena, volvió a surgir vida. Bajo la luz dorada, flores brotaron, nutriéndose de la luz y del conocimiento. Eran blancas, y estaba imbuidas por ese aura que las bañaba de misticismo. Brillaban con reflejos de nácar. Nácar en pétalos y en hojas. Nácar en esencia.
La escena se enriquecía con matices que potenciaban a los ya presentes. Los contrastes se exageraban. La arena de las dunas se hacia mas fina mientras las nubes, casi solidas, se retorcían sobre si mismas dando al cielo una imagen imponente. Barroca. La luz, aun dorada al resbalar por las nubes, se teñía de malva y neón cuando conseguía atravesarlas, para acabar muriendo en sus entrañas. De esa luz, y de esos colores surgió un pegaso. Galopaba majestuoso haciendo surcos en las nubes, como si de algodones se tratase, mientras agitaba sus enormes alas blancas. Con elegancia descendió al plano donde el cubo giraba, y empezó a rodearlo, en sentido contrario, en un armonía casi perfecta. Con cada vuelta se generaba tensión. Desprendían carga. Como si de un electrón se tratase, el pegaso volaba en su orbital, pero no tardo en llegar el desequilibrio. A las pocas vueltas, la inercia del cubo acabo por consumir a la del pegaso. Su radio de giro fue disminuyendo mientras perdía velocidad y altura. Se caía. Moría. Lo estaba matando.
Antes de llegar al suelo, el pegaso se convirtió en cenizas. Consumido por la luz. Demasiado hermoso para ser cierto. Víctima de su propia hermosura. Su majestuosidad y su grandeza rivalizaban con el cubo, y en ese desierto solo había y dejaba de haber un cubo. Un cubo y todo lo que de el salia. Había intentado tratar de tu a la luz, y la luz lo había anulado. De las cenizas del pegaso surgió un caballo. Un caballo marrón, con cara de misericordia. Conocedor de que su suerte y su ventura dependía solo de la compasión de un cubo, el caballo hizo por no desentonar en la escena. Se limito a pastar bajo la luz del cubo, que aun lloraba la muerte del pegaso. En su intento de encajar, se hizo mas patente su mediocridad. Estaba en disonancia con todo cuando le rodeaba. Eran lenguajes distintos. Un "collage" de realidad sobre un fondo idílico. Era la versión pobre y realista de un sueño. Un sueño del que solo quedaban ya cenizas. un sueño demasiado hermoso para habitar un desierto tan egoísta. El caballo era la respuesta de la realidad ante la exigencia de un mundo sometido a el Saber.
El cielo se enfureció. Había perdido a uno de los suyos. Las nubes se arrojaron sobre el desierto, dando paso a una tormenta de arena. Una guerra entre cielo y tierra. Entre nubes y dunas. El viento daba alas a las dunas y el las nubes arremetían con fuerza contra la tierra. Un caos seco, donde todo estaba sujeto a polvo. Las flores se cubrieron de arena, recordando que la naturaleza de lo hermoso también puede ser objeto de miseria. Los esfuerzos del caballo por cerrar los ojos eran en balde. Había polvo en ojos. Polvo en ollares. Polvo en la boca. Las escaleras aun erguidas se veían inmersas en la tormenta viendo como la arena repicaba contra ella. Desde arriba, imperturbable, el cubo arrojaba luz sobre la polvareda. Seguía brillando. El polvo no llegaba a el. A fin de cuentas, eso era el cubo. Un lugar libre de la contaminación terrenal.
Con el tiempo, no se si mucho o poco, todo volvió a su curso. La tormenta ceso. Las nubes volvieron a rizarse en busca de la forma perfecta. Las dunas se asentaron y dejaron que el aire las moldease a su antojo. Las flores volvieron a brillar, y el caballo pudo por fin abrir los ojos. Desde la altura, el cubo ilumino la paz entre cielo y tierra, de nuevo en equilibrio. En perfecta sintonía. Todo estaba en orden. Todo, salvo que yo había matado a mi pegaso.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Tren...
Deja de escribir.
Para. Déjalo.
No escribas.
Tan solo siente.
Percibe,
disfruta.
Ya habrá tiempo.
Tiempo para la nostalgia,
para el regodeo.
Ahora siente el compás,
el traqueteo.
Estás vivo.
Saborealo.
Hazlo tuyo.
Para. Déjalo.
No escribas.
Tan solo siente.
Percibe,
disfruta.
Ya habrá tiempo.
Tiempo para la nostalgia,
para el regodeo.
Ahora siente el compás,
el traqueteo.
Estás vivo.
Saborealo.
Hazlo tuyo.
Cartagena 18-09-2011
Le Petit Prince
Sin duda
te odio.
Has sacado de mi,
lo mejor y lo peor.
Todo para ti.
Todo a tu favor.
Dices
que he descolocado tu mundo.
Tu me has jodido el día.
te odio.
Has sacado de mi,
lo mejor y lo peor.
Todo para ti.
Todo a tu favor.
Dices
que he descolocado tu mundo.
Tu me has jodido el día.
Ginebra 12-7-2011
Murashki...
Y aún todavía,
vuelves a mi,
entre costuras.
Guiños
de lo que un día fuí.
Por ti.
Contigo.
Mi mejor yo,
el tuyo.
vuelves a mi,
entre costuras.
Guiños
de lo que un día fuí.
Por ti.
Contigo.
Mi mejor yo,
el tuyo.
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