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miércoles, 28 de junio de 2023

The lesser of two evils...

 Una línea apenas perceptible separa mis recuerdos de mis realidades. Disoluta y caprichosa, juega con el ánimo de una mente atormentada. Intangible, la mayor parte del tiempo mezclo pasado con futuro. Un  vaivén insoportable para los alfileres que sostienen mi cordura. 

 Lo quiero todo. Lo pasado, lo futuro, lo imposible  y lo finito. Me despierto con la calidez de caricias que nunca volverán, y con la seguridad de que los que se fueron aún están ahí. Cada mañana, una nueva realidad, me depara un nuevo revés. Otra vida que se escapa. 

 Decisiones que tenían que tomarse, me perseguirán hasta que me muera. Todo era una trampa. No había una buena. Y si entras a valorar las diferencias, estás perdido. Más si cabe. Y los días se acumulan en un remolino de percepciones, donde la única realidad es tu propia demencia. 

Solo cabe mirar al frente, e intentar no cegarnos con lo que perdemos a cada paso...

martes, 9 de julio de 2019

"Like a rock"

Hoy he vuelto a casa con el único objetivo de escribir sobre otro gran cambio en el enfoque de mi vida. Uno de tantos intentos por liberar la mente, en pos de un futuro mejor. Como de costumbre no lo he hecho y he acabado en el sillón de mi casa, viendo "How I met your mother". Esa maldita/jodida serie que me pintaron de comedia está acabando conmigo. Es capaz de hacerme llorar cuando todos ríen.  Es capaz de sacarme la crudeza de lo que es ser un romántico obsesivo. De estar enamorado del amor, o lo que es peor: de una persona sin rostro. Pero esta vez no he acabado llorando por ningún tipo de extrapolación sobre el vacío sentimental de mis días, ni por la perseverancia de Ted en su búsqueda del amor. Esta vez ha sido por algo tan básico como la reacción de un hijo ante la muerte de un padre. Algo que me lleva acechando, desde hace ya demasiado tiempo.

Y es que, las reacciones ante acciones que aún no han pasado, me impiden disfrutar de la propia acción. De la vida. Ya sea miedo, ya sea ansía, ya sea insatisfacción, vivo atrapado en futuros horrendos. Como si anticipando el golpe fuera hacer que doliesen menos cuando se vuelvan presentes. Iluso. Sabes que eso no funciona así. Que la pena es pena. Y de una forma u otra dejará su huella. Pero, dejando por un momento la pena de lado, y ya puestos a anticipar, ¿porque no anticipo algo que pueda tener mas sentido ahora que luego?

Mis padres son plenos defensores de decir las cosas en vida, y pese a todo rara vez lo hacemos en mi casa. Siempre la vergüenza de sacar cosas que nos hagan sentir vulnerables, hace que no digamos cosas que nunca habría que callarse. Por muy sabido que creamos que es, las cosas buenas deberían de salir más y mejor que los reproches. Es incomodo a veces decirlas, e incluso a escucharlas. En casa siempre se ha achacado el "estar tierno" o sensible, con el estar mal. Y no digo que no sea verdad, pero hay veces que es simplemente visceral. Es algo que no quieres dejar pasar.

Mamá, papá, sabéis lo que el cine es para mi. Sabéis la capacidad que tiene de abstraerme. De evocarme mundos vividos y olvidados, o simplemente mundos que no tuve ni tendré. Hay una escena que pese a haberla visto una sola vez, hace muchos años, sigue viniendo a mi a menudo. Es una escena de la película "The Weather Man", donde el protagonista, en un momento de la película tiene que decir unas palabras en el funeral en vida de su padre, con su padre presente y cabal. Al poco de salir al púlpito y empezar su discurso, mientras está haciendo una metáfora comparando a su padre con una canción, la luz se va y se queda a oscuras, con el sermón a medias. No sabéis la de veces que me he imaginado en lo alto de ese púlpito, intentando transmitir a vuestros seres queridos, lo que habéis sido. Busco las palabras que os hagan sentir orgullosos, por lo que habéis hecho y lo que se os he querido, y las luces siempre se apagan.

Papá, mamá, no sé si sabéis el miedo que me da imaginar un futuro sin vosotros. Sois mi roca en la distancia. Mi casa. La tranquilidad de los domingos. Sois la mano invisible en mi hombro. La calma que hace que no tenga que levantar la mirada. La red que me acompaña a todas partes.

Rara vez pido ayuda, porque no me hace falta y eso lleva a la gente a pensar que soy mucha más fuerte e independiente de lo que soy. Poca gente entiende la dependencia que tengo hacia vosotros. Que esa seguridad que aparento es la que vosotros me dais. No hay fortaleza, sino un sentimiento de respaldo tal, que me ayuda a vencer mis miedos. Porque hay miedos. Muchos. A todo y por todo. Y lo único que me saca de mi temblor es saber que pase lo que pase, vais a estar ahí. Siempre estáis ahí. Y no sé que cojones voy a hacer cuando me faltéis.

Estás navidades os dije que era complicado que fuera feliz con alguien. Aspiro a demasiado, porque habéis puesto el nivel muy alto en mi cabeza. No digo que seáis perfectos, ni fáciles en algunos momentos, pero vuestra forma de complementaros, de cuidaros y de necesitaros es a lo que yo aspiro encontrar algún día. Seguro que no todo ha sido fácil, ni bonito. Pero desde abajo, desde el punto de vista de un error de hijo, sois maravillosos. Juntos y por separado.

Este hilo de pensamiento que tengo ahora en la cabeza es complicado. A ver si lo sé traer:

Muchas veces me planteo en las distintas formas en la que vuestros tres hijos hemos crecido, y en las personas que nos hemos convertido. Yo siempre tuve la suerte de verlo todo desde la barrera y a su vez, el reto de tener que mejorar lo que ya se había hecho. Esa misma perspectiva distante y analítica es la que me ha permitido saber mirar desde fuera. Al igual que en su día vi por lo que pasaron mis hermanas en su juventud y me sirvió con mejor o peor tino para afrontar mi propia vida, ahora he empezado a vivir muchas cosas através de vosotros. Veo la frustración que supone a veces el hacerse mayor. La lucha por no dejarse ir. Por aceptar que presumiblemente ya has escrito las mejores paginas de tu vida. Veo la resignación de un futuro lejano. El miedo de asumir un final, y a su vez, os veo mirar atrás buscando consuelo, y quizás, alguna respuesta.

Bueno. Respuestas obviamente no tengo, pero quizás encontréis algo de consuelo en esto que leéis, ya que es mi forma de deciros que estoy tremendamente orgulloso de lo bien que lo habéis hecho y lo bien que lo seguís haciendo.

Me gustaría haber escrito sobre cada uno por separado, pero lo cierto es que se os entiende mejor juntos.

martes, 25 de junio de 2019

Noche de leones...

Una noche cualquiera.
Los demonios y las hadas han salido a cazar.
Pero esta no es tu noche.
Está es la suya.
La de ellos,
con su francés y su modernidad.
Tú, viejo zorro,
hoy no has venido a eso.
Hoy has salido a sentir.
A pasear los recuerdos.

¿Les, ves? Hace nueve años tu estabas ahí, haciéndote pasar por uno de ellos, pese al grimoso sonido nasal que emiten ellos al pronunciar. El sonido que ellas emiten, es otra cosa. Pero hoy no escucharás esos sonidos. Hoy los observas, desde la distancia. Desde tu pradera.

León orgulloso.
Hoy estás aquí para rememorar los tiempos
en los que esta ciudad te silbaba Nessum Dorma al oído.
Ella te susurraba,
y tú la llenabas de versos.
Algunos mejores que otros,
pero eso no importaba.
Eras un jodido poeta,
y no te lo querías creer.
Te daba vergüenza aceptarlo.
Te faltaba amor propio para poder recitar sin tapujos
toda la verborrea que cada tarde te venía a la cabeza.

Si, ¿quien te lo iba a decir?
Te faltaba amor propio,
y te sigue faltando.
A día de hoy aún sigues sin creerte lo que haces
ni lo que tienes.

Y es que has hecho mucho, viejo. Tus derrotas lo atestiguan. Es imposible no aprender con tantas derrotas a la espalda. Derrotas. Muchas derrotas y muchas más esperándote a la vuelta de la esquina. Y es que mientras sigas en pié seguirás errando. Porque esos es lo que sabes hacer. Es la única forma en la que aprendes. Me gustaría decir que de todas has aprendido, pero nos estaríamos mintiendo, ¿verdad? Y no es que no aprendas, es que simplemente encuentras nuevas formas de caer. Mientras siga habiendo una ruta no tomada que lleve al fracaso, ahí estarás tú. Como un explorador, decidido y pletórico, abriéndote camino a machetazo limpio, hacia un nuevo error.

"Buena noche para cazar el mapache"
Gedeón Pontipee

lunes, 6 de mayo de 2019

"Run to Aquilonia" o una mentira

Es como el cuadro.
Intenso.
Demasiado para la mayoría.
Necesario para el resto.
Para los adictos.
Para los que buscamos el siguiente vicio donde caer.

Estados de ánimo
extremos,
para salir de una vida obcecada en las pautas.
Demasiada cautela.
Que venga el caos
y el frenesí.
Toda una vida
dedicada a no hacer nada.
La nada como objetivo.
La nada como un todo.

Me niego. Me revelo. No hay tiempo para tenerle miedo al desenfreno. Es el desenfreno lo único que nos mantiene vivos. No. Dejarme vivir. A mi ritmo. Extremadamente rápido y acojonantemente lento. Tanto que hace que por un ratito el tiempo se pare y sea realmente mío. Por una vez, mío...

viernes, 29 de marzo de 2019

Instrumental little me...

Estados de ánimo, me acompañan en mis días.
Me llevan de la mano,
suscitando pensamientos y rimas.

Frescas y altaneras
revolotean a mi lado,
esperando a que Yo, Cesar, 
las salve de su inevitable suerte.

viernes, 25 de mayo de 2018

Dissolve me: Percepciones y reproches...

Truenecitos y lluvia. 
Arrebatos de tiempos no vividos 
donde todo se soñaba mejor. 
Grandes esperanzas, 
en las que sólo cabían fracasos.

sábado, 7 de abril de 2018

Corrientes continuas...

Mientras te recuerdo, el mundo sigue con su mundanidad. Pero el autocorrector me corrige y me recomienda que escriba mundanalidad.

¿Que sé yo? Mundanalidad me suena fatal, pero hay demasiadas cosas que me suenan mal hoy en día, y demasiados peros en mi vida.

Demasiados peros
para saber nada.
Y la nada me persigue.
Y tu sigues ahí.
Atormentando.
Torturando.
Dando sentido a mis días.

La copa se deshace cada noche. Y en cada sorbo hay más agua. Y más dejadez. Y no hay sabiduría en mis decisiones, ni en mi vejez. No hay nada a lo que atenerse. Tan solo un poso de resignación. Un poso que lleva tu nombre. Y tú no lo entiendes. Estás demasiado lejos para entender...

Tus recuerdos
imbuyen de brío mis días.
Los amenizan y los hunden, a la vez.
Y me torturo pensando
que en mi recuerdo solo hay desdicha.
Desdicha para mi
y vergüenza para ti.

Y hay demasiadas "ys".
Y tú no quieres palabras ni promesas.
Te sobran.
Eres una persona de gestos.
De sentimientos procelosos.
De realidades cuidadas.
Tenebrosas y fantásticas.
Eres eterna.
Y yo...

Yo soy mundano.
Más de lo que me gustaría.
Más de lo que te mereces.
Y aún así
creo que nadie te podrá hacer más feliz que yo.
Porque yo,
a tu lado,
no soy mundano. Ni vago.
Ni pequeño.

A tu lado
soy
todo lo que alguien puede aspirar a ser.

Hubo una vez en la que brillamos.

lunes, 26 de marzo de 2018

Túnez...

Facilidad y entrega.
No.
Resignación contemplativa.
Budismo con un punto de añoranza.
Absurdo,
como todo lo que me rodea.

Mejor no pensar.
Pero si no pienso,
no actúo,
no espero,
no vivo,
no muero...

El frío me persigue. Incluso en Túnez. Incluso en el maldito desierto. Día y noche. Se mete en los huesos y rezuma por cada poro. Pero creo que estoy en calma. No sé donde estoy, pero creo que estoy bien. Esto debe de ser estar bien. Tampoco sabría distinguirlo. Llevo demasiados años deprimido como para medir.

Estoy aprendiendo a no esperar. No sé si es el principio o el final, pero a veces, entre el frío, siento paz.

Quiero pensar que no es abandono, sino aceptación. Fijar un nuevo firme. El anterior se quedó muy abajo. Muy antiguo. Obsoleto.

Quizás es lo que toca. Lo que llevaba necesitando todos estos años. Un nuevo fondo donde empezar. Sin atajos. Sin distracciones. Sin escusas. Tengo que soñar en el mañana. Un mañana que me ilusione.

Ilusión.
Ilusión, ilusión, ilusión...
No me canso de buscarte.
Te encontraré y te haré mía.
Por lejos que estés.
Por barata que seas,
te haré digna.
Digna de querer,
aunque para ello tenga que mancharme.
Imbuirme de vulgaridad.
Bajar al barro y abrazarlo.

Quizás sea momento de madurar. De asumir
que no hay sitio para el romanticismo.
Que las ruinas
no dan calor,
ni te abrazan por la noche.

Quizás sea el momento de entender
que la trascendencia,
la puta trascendencia,
pueda ser un hijo
en lugar de una carta de despedida...


sábado, 24 de febrero de 2018

Ramplón ...

-No suenas bien.
-Tampoco estoy mal.

Como decía el chiste: "Cero grados; ni frío ni calor". Me revuelvo en mi propia dejadez, como un cerdo en la mierda. Una actitud contemplativa y ramplona que parece que lo envuelve todo. Una marcha directa que te permite pasar por la vida viendo a los peatones desde la ventanilla. Ellos viven su vida. Yo estoy en pausa, inmerso en un torpor invernal, más propio de un otoño largo. Sin demasiados visos de cambiar. Nada inquietante en el horizonte. O quizás si lo haya, pero ahora mismo no me lo parece.

Me dejo llevar mientras la gente a mi alrededor parece que disfruta. A veces, incluso, pese a mi compañía. No puedo decir que esté mal. Pero para eso tendría que hablar, y no me apetece...

jueves, 28 de diciembre de 2017

Un hombre con una mancha...

Todo parece que vuelve a su sitio.
Ese, que tanto miedo te da.

No sabes exactamente que es,
ni donde está,
pero sabes llegar.
Nunca aposta.
Siempre consciente.

No podrías dar direcciones a nadie de como ir,
ni acercarte a pasar la tarde,
pero tus pasos siempre acaban ahí.

No te hace bien.
Como cualquier otro estigma,
es algo que te marca y te identifica.
Algo que te acompaña.
Una mancha.
Una querencia pegajosa
de la que no puedes huir.

Es la casa a la que vuelves cuando estás perdido. Un lugar desolado, pero familiar. Supongo que el tiempo ha hecho que te acostumbres. Si. Costumbre. Costumbre y cadencia. Una espiral en la que te ahogas para volver respirar.

Cuando estás dentro, la ansiedad se reduce
pero la tristeza aumenta.
Se respira algo parecido al aire,
pero que lejos de llenarte
te consume.
Te va asfixiando hasta que acaba contigo.
Es un sitio donde ir a morir
para renacer.
Un rincón donde abandonar lo que has sido.
Un cementerio.
Un puto cementerio de elefantes,
al que vuelves
una y otra vez.

"Carcass" o el arte del vaciado...

Frío. Otra vez el puto frío. No hay quien lo aguante. Da igual lo que haga para luchar contra él. Mi casa parece un horno de fundición, pero nada parece alejar esa sensación de abandono.

Solía disfrutar de estas tardes de frío, acurrucado en el calor de un abrazo. Y sin embargo, a esto hemos llegado. La calefacción a toda pastilla. Iberdrola encantada. Yo pocho.

Sigo pocho. Pocho por dentro. Delgado por fuera. Más intoxicado. Más tocado. Cucú.... ¿Alguien vuela por ahí arriba? No creo. Ni siquiera los grajos vuelan con este frío. Ni alto ni bajo. Tan solo un par de buitres saltan de carcasa en carcasa. Pero están todas huecas ya. Nada que rebañar. Solo pellejo. Ya me encargué de dejarlas bien secas. Ni un poquito para la ilusión.

¿Cucú? Como una chota...

-Buscar. Buscar  mejor que algo quedará. Sino quedase nada,. ¿Qué hago todavía respirando? Y es que, si no hubiese un mínimo de ilusión. ¿Qué me frena a saltar por el hueco de la escalera?

-Quizás que solo sea un primero, y ya estoy suficientemente tullido.

Más allá de seguir autolesionándome, no conseguiría nada. No estaría más lejos de esta silla. De esta vida. De esta mierda que tanto me ofusco en plantar a mi alrededor. Allá por donde paso... Siembro oleadas de soledad y desasosiego. Un germen. Un asco...

jueves, 21 de diciembre de 2017

El desorden...

-¡Pero sube a casa! Hazte un filete en la plancha y cenas algo, ¡que no puede ser!- Grito la señora pese a estar a escasos metros de su hija.
-¿Y tu donde vas?- Preguntó la hija arrugando el ceño mientras encogía los hombros.
-¿Yo? A clase de zumba... - Contestó la madre con todo el desparpajo y la naturalidad. Como si sus sesenta y muchos años, tuviesen que ser reafirmados por actividades con nombres exóticos. Como si su nueva forma de vida fuera algo que necesitaba ser contrastado con la falta de rigor de los hábitos alimenticios de su hija. A buen paso me aleje de la escena, mientras la hija volvía la carga con algo que no pude/quise escuchar.

Un poco más adelante, en la carnicería de barrio de la esquina, una mujer rolliza troceaba un cabrito sobre su tajo. Golpes diestros que hacían saltar huesos. Delante de mi, y en la misma dirección vagaban un par de individuos encorvados. Unos de ellos, no podía ocultar su voz de yonqui, al comentarle al otro como le habían echado a patadas de su último trabajo. El otro, callado y sin prestar demasiada atención a lo que le contaban, observaba la calle oscura que se abría ante él. Su compañero escupió, a la vez que la carnicera clavaba su cuchillo en el tajo y un coche pitaba a otro por no acertar a arrancar. No duró más que un segundo, pero todo se sincronizo con una extraña armonía.

-El desorden... - Susurró el encapuchado para sus adentros, con una voz atemporal. Un suspiro tan discreto, que no cortó el trance lastimero en el que se encontraba su compañero, que continuó farfullando, ajeno a la escena. Ajeno a la sutileza y la perspicacia de su amigo. Ajeno al desorden del cual era parte ...


martes, 19 de diciembre de 2017

Placeres lentos...

Una cruzada contra la perseverancia.
Los placeres lentos maridan con la parsimonia,
con la dejadez y la observación.
Un arte ligado
a la capacidad de aceptar.
De estar sin estar.

¿Budismo?
Para el que quiera.
Hay religiones para todos los gustos.
O mejor dicho,
para todas las necesidades.

La mía es la de sacar la cabeza del tiesto de vez en cuando y disfrutar de momentos furtivos. Sin que nadie se dé cuenta, me dejo caer, por un pequeño bulevar que solo yo sé donde está. Mi cerebro se reclina y se apoya en el bulbo raquídeo, dejando hueco en la corteza frontal para que pueda entrar cualquier cosa que flote alrededor.

Ian se va.
Ian se fue.
Ian ya no está...

martes, 12 de diciembre de 2017

La banda sonora de mi vida...

Existencialismo para alcohólicos. La banda sonora de mi vida. Casi la puedo oír si cierro los ojos. Todos esos grandes temas que van unidos a momentos aún más grandes. Apenas ninguno de ellos es tuyo. Pero todos tienen amaneceres cargados de emociones. Y esas emociones si son tuyas. Como ya lo es la música y todos los sentimientos que la acompañan. La algarabía y el gozo. El miedo y las dudas.

Existencialismo barato y a la vez esplendido del borracho. Todos. Todos tuyos. Todos al otro lado del telón, esperando para marchar en cuanto entornes los ojos...

viernes, 24 de noviembre de 2017

Going Fishing...

Blandito.
Muy blandito.
Plateresco incluso.
El de Juan Ramón Jiménez. Nada que ver con el gótico.

Blandito y torpe,
todo me llega.
Todo me afecta y me cansa.
Todo deja una huella en mi frágil estado.
Doblado pero no roto.
No exploto.
Solo me arrugo y me encojo.

No hay rastro de esa chulería. Ni un atisbo de arrogancia. Ni siquiera un poco de esa prepotencia desquiciante. Se fueron todos, desfilando. Aquí solo queda una sombra vaga y mustia que intenta pasar desapercibida. Escondida de los demás. Incluso de mi mismo. Especialmente de mi mismo. De mis propios reproches. Me escondo para no sentir más. Para no seguir menguando.

Necesito irme a pescar con el bueno de Chris.

"But you know what they say. Everyday gets a little easier..."

martes, 21 de noviembre de 2017

Canción de ruinas...

Píntame una ruina. O mejor, cántamela...

Hazme ruina.
Hazme silencio.
Hazme tragedia o hazme tiempo.
Hazme olvido.
Hazme soneto,
hazme prosa o hazme verso.
Hazme o deshazme,
pero siempre ruina.
Siempre eterno...

lunes, 20 de noviembre de 2017

Frío...

Destemplado.
Cirros y nebulosas.
Un páramo helado.
Puto helado.

Riscos y cumbres borrascosas,
salvo que esto no es ningún libro.
Es mi estado de ánimo,
mi piso, mi vida.
Es la desazón de por las mañanas
y la angustia de las noches.
Es gris y es lluvia.
Es un futuro que no invita a nada.

Cirros y nebulosas.
Cirros a mi alrededor.
Nebulosas en la cabeza.
No hay luz.
Tampoco alegría.
Ni risas
ni ilusión.
Solo hay sitio para la desidia
y algún que otro cuervo.

Los días más cortos.
Las noches más largas
Oscuras,
y otra vez el frío.
El puto frío.
Frío y más frío.
En los huesos.
En el alma.

Cirros y nebulosas.
Hay frío y desaliento,
y nada que te apacigüe.
Nada que te pueda salvar.
Y es que tú no quieres que te salven.
Quieres arder
en un infierno helado.
Puto frío...

viernes, 17 de noviembre de 2017

Demencia...

Y allá va... mi vida. Idílica toda ella. Mírala. Mira como se aleja, flotando a duras penas, como un zurullo cuando tiras de la cadena. Vueltas y vueltas por el desagüe.

Que alguien apague ya el puto tiovivo. No más motos, ni niños muertos. Si Demencia me quiere, Demencia me tiene. La buena de Demencia me rodea y me abraza, y si Demencia te llama, tú no puedes no escucharla, porque Demencia es persuasiva. Parecida a su hermana Karma, pero mucho mas sádica. Y su forma de hacerse escuchar es meterse en tu vida, quieras o no. Bicis de por medio. Así que sin más dilación, Demencia, aquí me tienes. Demencia tú, demente yo.

 Que vuelva el alcohol y los excesos. Las vocecitas y los dialogos internos. Que vuelvan los trastornos del sueño, y los esbozos en los cuadernos. La incomprensión de la mano, mientras paseo por las calles de una ciudad que me introspeciona desde cada ventana. Un dentro fuera que me marea y me viola. Yo paseo por las calles, y las calles pasean por mi. Todos y cada uno de sus pies recorre mi cuerpo, y me doblegan.

¡Brazos al suelo! ¡Esto es una mierda! La tuya. En tu cara. Acéptala. Últimamente parece ser lo único que sabes hacer. Aceptar y ceder, a la lucha. A las adversidades, con los brazos bien abajo. Por debajo de las rodillas. Cual simio, pero sin dignidad alguna, la fatalidad me encuentra con cara de tonto y solo puedo poner la otra mejilla. Mejilla malintencionada y engreída, que provoca aún mas ira.

Todo un éxito. El fracaso como marca de identidad. La jodida sombra del perdedor. Del que se rinde. Del que cede. No ante un enemigo, sino ante su destino. Ése en el que no crees y pese a todo siempre te acaba encontrando. ¿Y que haces cuando te encuentra? Pues dejas caer tu escudo, luego tu lanza, y con toda la pesadez del mundo, te quitas el casco y respiras. Y parece que es la primera vez que lo haces. Quiero creer que la primera bocanada de aire es como la última. Rara y especial. Mágica. Y mientras estás ensimismado en esa sensación largo tiempo olvidada, llega la primera lanzada, directa al hígado. Se produce un ligero paréntesis de silencio y frío, suficiente para mirar al cielo y ver los cuervos volar. Y por fin como la crónica de la muerte anunciada que es, llega un severo mazazo directo a la sien. Luego el suelo.

Todos al suelo. Esto es una mierda...

jueves, 31 de agosto de 2017

Lo que queda...

Porque la tortura y la pena,
el desconcierto, y la ausencia,
es lo que se queda.

Los recuerdos limpios y enlucidos, amarillean. Van perdiendo veracidad mientras ganan sentimiento.
Y la realidad tampoco ayuda. Se desdibuja, hasta el punto que acabas pasando las noches abrazado a un recuerdo que nunca ocurrió.

De las verdades que nunca fueron, nacen las mentiras del mañana. Y así se pasan los días, flotando entre lo que fue, y lo que pudo haber sido.

miércoles, 8 de febrero de 2017

El vacío y su falta...

Llenamos, y respiramos el vacío.
A veces hasta lo sentimos latir
a nuestro lado.

Lleno de matices,
sentimos todo lo que falta.
Una respiración,
una mirada,
una persona
o la idea de felicidad asociada.

El vacío lo engloba todo.
Demoledor.
Con su falta
nos altera más que el lleno que ocupa.

Solo tiene cabida en la perdida.
Entendemos su falta,
pero no su presencia.

Con su mística
nos envuelve en silencio.
Ideas infinitas
y el más delicado de los tactos.
El que ya no está.